Desde joven fabricó instrumentos e interpretó el
clarinete. Como percibió imperfecciones en este último instrumento, se dedicó a superarlas y ello le condujo a diseñar el saxofón.
Al modificar algunas de las características en calidad del sonido, y en la resolución de problemas acústicos que tenía el clarinete, Adolphe Sax diseña y construye en
1840 lo que hoy se conoce como saxofón. Tuvo lugar en Bruselas, en un taller de instrumentos de música que tenía su padre.
Al principio, como es de suponer, tan sólo el propio Sax era quien tocaba su saxofón construido por él. Lo tocó por primera vez ante público en la ciudad de
Bruselas en
1841.
En
1842, el joven fabricante llega a
París con su saxofón y recibe una gran acogida por los compositores de la época. Luego de esfuerzos constantes para conseguir su perfeccionamiento, lo que hoy conocemos como la familia de los saxofones, fue patentada en París el
28 de junio de
1846.
En
1844,
Héctor Berlioz compuso la primera obra que se conoce para este instrumento, que es el sexteto
Canto Sagrado, y que fue estrenada el
3 de febrero de
1844 bajo la batuta del propio Berlioz y con Adolfo Sax en la interpretación de su saxofón. En diciembre de
1844 se produce la primera aparición del saxofón con orquesta en el
oratorio de G. Kastner
Le dernier Roi de Judá.
El interés despertado por el nuevo instrumento produjo a su inventor muchos sinsabores y desavenencias con otros fabricantes e inventores de instrumentos y hasta con intérpretes, ya que veían un peligro en el saxofón.
En
1845 perfecciona y patenta el
fliscorno a partir de un bugle de llaves ideado por Kent.
En
1854, Adolfo Sax fue nombrado en Francia como «fabricante de instrumentos musicales de la Casa Militar del Emperador».
En
1857, para los integrantes de las bandas militares en el Conservatorio de París, se crearon cátedras especiales para el saxofón, dirigidas por el mismo Sax. Por razones financieras, hacia
1870, fueron cerradas.
En la década de
1920, el saxofón tuvo un gran auge debido a la aparición del
jazz.